jueves, 9 de septiembre de 2010

Encol do manifesto



Seica agora que comezan a morrer os medios galegos importan. Polo visto antes non. Polo menos xa comeza a haber debate.

Entrañable, igual que é entrañable o manifesto. Non me entendan mal, o meu total apoio gremial, faltaría máis. Pero, coma sempre, esquecemos ir ao fondo do problema.

O manifesto de marras, agás repartir culpas (e até iso fai de xeito discutible), volve tras o de sempre en Galiza. E que hai da miña parte?

É criticable que a Xunta só apoie maioritariamente ós medios en castelán. É criticable mais é normal, aí están os datos de difusión. Deixemos a un lado os concursos amañados e as publireportaxes pagadas por algunha consellería que todos temos escrito algunha vez e, por suposto, sen telas cobrado. Que digo eu que a que se dedican nos gabinetes se xa nin sequera ofrecen información.

En calquera caso, o que realmente é deleznable é que a Xunta dea cartos, en xeral, aos medios de comunicación, independentemente de se están en castelán ou en suahili. E sobre eso non aparecen manifestos. Sobre eso todo o mundo calado.

É moi triste que un medio, unha suposta empresa privada, cuxa finalidade é vixiar o comportamento dos poderes públicos -Xunta ou calquera administración- viva dela. Ningún can morde a man que lle dá de comer. Eso explica moitas cousas. No canto de medios temos fábricas de periódicos, que son esas cousas que serven para envolver os chourizos na praza de Abastos de Compostela. Dáme igual que sexa o máis pequeno ou o máis grande. Todos son uns pesebreiros, de diferente tamaño, pero pesebreiros ao fin e ao cabo. E o que máis protesta faino movido pola propia fame.

E por certo, o agora añorado bipartito nada fixo para cambiar un modelo que é ruinoso a todas luces e que pasou anos criticando. Máis ben o que fixo foi aumentalo e nin así... xa que o pago recibido saltou á vista nunha campaña electoral inolvidable. Algo parecido lles pasou ós gobernos ó salvar ó sistema bancario e o resto é historia contemporánea.

A alguén se lle pasou pola cabeza que nun país como Galiza malvivan máis dunha ducia de cabeceiras. Así son, claro. E aínda por riba hainos que critican os lectores. Se son eles os que cos seus impostos axudan a manter estómagos agradecidos, estómagos que nin sequera len e teñen todo o dereito de non ler.

Pero deso nin unha palabra. Como tampouco palabra duns directivos de medios que viven no século XXI e fan un xornalismo do XIX. Minto, no XIX había cousas mellores das que se fan agora. Ao mellor habería que comezar por deixar de aceptar roldas de prensa sen preguntas. Alguen sabe que existe o fax, e díría máis, até o e-mail? Total para repetir un discurso non paga a pena sair dunha redacción.

Basta con abrir un xornal, calquera. Salvo contadas excepcións, claro que a cargo de traballadores malpagados, o panorama é moi triste. Por non falar do articulismo. Hainos que nin sequera saben escribir pero hai están, elevados ás categorías de firmas estrela. E se non son xornalistas, mellor que mellor.

O problema é iso, que dos medios só queda a súa parte empresarial. Por eso vamos coas empresas que, malas elas, tampouco poñen suficiente publicidade.

Unha empresa se é privada ten todo o dereito a anunciarse onde lle pete. Por esa mesma regra non pretendemos que o Correo se anuncie na Voz, por poñer un exemplo. E ambas as dúas son empresas, ás veces, máis que xornais.

Esto tiña solución. Se houbera cartos para todos, ninguén se queixaría, como non o facían cando había vacas gordas. E que eu recorde aínda daquela os medios en castelán cobraban bastante máis que os galegos. Alí a disputa era outra. A eterna pailanada de por que os do norte levan máis que os do sur. Nin que falaramos de aeroportos.

País.



lunes, 6 de septiembre de 2010

periodismo en viñetas

El cómic parece haber conquistado un lugar destacado en los medios de comunicación. Incluso da la sensación de que mucha de esta atención que ahora congrega tiene un punto de revelación. Parece que se han dado cuenta, por fin, de que el arte secuencial, como lo definió hace años uno de los maestros del medio, el norteamericano Will Eisner, está situado a la misma altura a la que los carteles de neón ponen al cine o las páginas culturales hacen lo propio con la literatura. Para poner punto y final a la marginación sufrida, en España, siguiendo el ejemplo previo de otros países, desde 2007 se otorga un Premio Nacional de Comic al mismo nivel que sus hermanos dedicados a las artes plásticas, el cine o la literatura. El reconocimiento oficial es el segundo paso hacia la normalización definitiva. Quedaba un tercero y es el que parece estar viviéndose en este momento. Avisó para el gran público no hace poco un importante suplemento literario de la prensa ordinaria. No sólo el cómic es capaz de tratar temas considerados serios —algo que ya se demostró hace años, pero nunca es tarde si la dicha es buena—, sino que ahora estábamos ante una eclosión de lo que dicha publicación llamó noticias dibujadas. Periodismo en cómics. Una novedad si no fuera porque hace años que las viñetas se vienen manifestando como un espacio propicio para el que García Márquez definió como el oficio más bello del mundo.

El cómic ha recorrido un camino largo y proceloso hasta su completa normalización. Mucho ha tenido que ver con su reconocimiento, en primer lugar, la generalización del término novela gráfica, una especie de certificado de calidad impuesto sobre un medio al que siempre se le ha exigido un pedigrí del que otros estaban exentos. El triunfo de la denominación tiene un punto de psicológico y otro, quizás el más importante, de comercial. Como toda industria, la del cómic, desde su fundación en el primer cuarto del siglo pasado, ha sufrido su propia evolución. Del periódico, la viñeta saltó al quiosco, y de este último a las librerías. Era difícil vender a un profano un cómic que se siguiera llamando cómic -tebeo, en el caso español-. Por lo tanto, asumimos el término prestigiado en el mundo de las letras, novela, y lo apellidamos gráfica porque, al fin y al cabo, se trata de dibujos. Pese a que hubo autores que con anterioridad utilizaron el término para referirse a sus obras, es al propio Eisner a quien se le atribuye su generalización en 1978. El creador de The Spirit colocó la expresión graphic novel sobre la cubierta -en la versión de tapa blanda- de su obra Contrato con dios. Detrás de este movimiento no había otra cosa que su intención de convencer a su editor para que publicase la que consideraba su mejor obra a pesar de su extensión y su claro desafío a las convenciones tradicionales del lenguaje del cómic. Hasta aquí la muy resumida explicación comercial. Por el mismo precio, tenemos la que tiene un carácter más psicológico. Un cómic con la etiqueta de novela gráfica conseguía que el mismo comprador profano de antes pudiera calmar su conciencia un tanto snob. Si se llama novela, pensará, no necesariamente tiene que ser un divertimento para niños. Al mismo tiempo, sobre todo a partir de los años sesenta y desde Francia, triunfó otra denominación, la de cómic de autor. Esta tiene mucho de mitificadora y, a la vez, reduccionista, como queriendo parcelar al medio entre el mainstream propio de los superhéroes y lo que no son encapuchados con superpoderes.

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normalidad

Después de un mes de viaje vuelvo a la vida normal lo que si no fuera por los periódicos sería todo un alivio.

jueves, 29 de julio de 2010

aeropuerto

Ayer lo volví a comprobar en el momento mismo en el que puse pie en el aeropuerto de Detroit. Es llegar a suelo estadounidense y me entran unas ganas tremendas de hacer uso del excusado. Alguien puede pensar que es difícil controlar los impulsos corporales después de ocho horas de vuelo. Otros, más prácticos, simplemente pueden rendirse a la evidencia. Es ver delante las cabinas de frontera estadounidenses y a sus moradores y te vas por la pata.

Ayer, por enésima vez, me volvieron a mandar al cuarto oscuro. Previamente la misma pregunta retórica con la contestación impresa en letra arial y que puede leer el guardia de fronteras en la pantalla de su ordenador. Tu estudiaste aquí. Sí. Y hasta aquí ha llegado nuestra relación. Vas a tener que contestar otras preguntas aquí al lado.

Cuarto de al lado. Sala con mostradores y funcionarios a los que no se les entiende cuando hablan porque lo hacen sin mirarte, comiéndose las palabras, como si les constasen dinero. Mientras, escudriña el pasaporte, rojo, con la palabra ESPAÑA impresa en letras doradas. Uno llega a pensar que el tipo desea que sea falso para tener unas cuantas palabras en una de las salas cerradas. Quien dice unas palabras, en fin. Tres sillas a mi derecha, una chica llora a moco tendido mientras mira a su funcionaria, delante, a poco más de metro y medio detrás de un ordenador y hablando por teléfono. Alguien no va a entra hoy en EEUU.

Sir?
Si?
Su esposa es ciudadana americana?
Sí, digo mientras vuelvo a pensar en la pantalla del ordenador.
Y vivís en Italia?
No.
No? pregunta el tipo. Levanta la vista por encima de las gafas.
No. En España. En mi pasaporte dice que soy español.
Ah.

Fin de la conversación. Odio tener que explotar tópicos, pienso, mientras salgo por la puerta de la sala dejando atrás al funcionario y a la chica, que sigue llorando a moco tendido. Me espera el servicio.

lunes, 12 de julio de 2010

hollywood


Quien iba a decir que ganar un Mundial era esto. Pasarse dos horas maldiciendo frente al televisor para después salir a la calle con una sonrisa de idiota dibujada en la boca que ya no se borrará en un par de días. Quien iba a decir que la partitura de la final de una Copa del Mundo sería escrita por un guionista moña de Hollywood de manera que el héroe acabaría besando a la guapa frente a unos espectadores con la lágrima a flor de piel. Porque muchos, tras ver al Gran Capitán, al Santo Azul, al Ángel Azul que ayer vistió de hierba, lanzarse sobre los labios de su amada, sólo puedieron debatirse entre el suspiro romántico y el tan español (quizá ya menos), ole tus cojones, Iker. Iker sigue siendo aquel chaval de 18 años al que la gloria le llegó dentro de una botella de colonia. Aquel que no importa lo que haga, ni cuantas leyes fisicas desafíe, siempre se tiene que encontrar con un analfabeto integral que ponga en duda, no ya su condición como mejor arquero del mundo, sino como titular en un equipo en el que ejerce de pater responsable. Por eso Iker es sólo la punta de lanza de una selección diferente a todas las demás, en donde el milagro del juego, convertir una jugada de más de cuatro pases al pie en un sonteto renacentista, es sólo la manifestación más evidente de una manera de entender la vida. De una manera de, si se quiere, entender el ser de esta malnación llamada España. Mucho ruido y pocas nueces, cuando, al final, de lo que se trata es de que Iker levante una Budweiser. Como tú y como yo, como él y como ella, cuando un inglés con una esposa visionaria pitó el final del partido. El arbitraje de Howard Webb sólo sirvió para dejar en evidencia a la FIFA, un organismo con menor credibilidad e inteligencia emocional que la propia ONU. Webb, como había dictado el guionista moña de la final, ejerció al pie de la letra su papel. El de tonto útil, ese tipo que ves aparecer en pantalla y que a los tres segundos no sólo te cae mal, sino que le deseas la muerte. Por eso, cuando cae a manos del villano respiras en un morboso sentimiento de alivio. Por lo demás, como en las buenas epopeyas, todo estaba escrito. Y el bien se impuso a un mal enfundado en una casaca naranja cuyas armas eran Van Bommel y De Jong y la lengua viperina de un Robben incapaz de superar el vuelo del Ángel Azul. Sólo quedaba el broche. El último disparo, el yippie kay ei motherfucker de un Iniesta, al que todos llaman Andrés, Andresito, como si fuera el hermano pequeño de tu mejor amigo, al que has visto crecer desde que andaba con pololos y dijo que su padre era albañil. Esto es fútbol. La vida. Y la felicidad debe ser algo muy parecido.

lunes, 28 de junio de 2010

dioses y hombres


Porfirio Díaz siempre lamentó la mala suerte de México. Tan lejos de dios, decía, y tan cerca de Estados Unidos. Una maldición que volvió a sentir en carne propia ayer un prometedor Chicharito Hernández que, justo antes de que Rosetti pitara el inicio del choque ante Argentina, se arrodillaba en el centro del campo dirigiendo sus plegarias al cielo. Plegarias desatendidas como el joven delantero pudo comprobar después. El Argentina-México de ayer tuvo mucho de lucha divina que, como todas, fue resuelta por un error humano. México imploró al altísimo mientras que Argentina lo trae puesto en el banquillo. Un combate desigual de antemano. Maradona, frente al civilizado Aguirre, es la quintaesencia de la barbarie latinoamericana pero se sabe ungido de un poder que no es de este mundo. Maradona, grande como siempre, se ha dejado una barba Sierra Maestra que le queda bien, muy lejos del traje en el que se ciñe durante noventa minutos. Como todo dios, busca sucesor en un Messi que no marca, no explota, pero está en cada jugada albiceleste. El día que explote definitivamente será por medio de tres zarpazos. Sólo resta saber cuál será la víctima de la cólera divina. Espera Alemania primero, después puede ser España y, si todo sale a pedir de boca del Pelusa, Brasil. El Mundial está cada vez más cerca de Argentina. Para desgracia de Pelé, Blatter y Platiní a quienes no quedará otra que claudicar ante la incontinencia verbal del Diego. Y para desgracia de nosotros, simples mortales, sufridores de los argentinos. Como Heinze, un acto de mal gusto que no debería haber sido jugador de fútbol, sino navajero en un barrio bajo de Buenos Aires. A veces se puede engañar al destino. A la canarinha sólo un milagro puede apearla. El Chile de Bielsa, oficioso como pocos, está condenado. No es lo mismo una clasificación que un Mundial. En estas citas, los galones marcan distancias en condiciones normales. España, protagonista aunque sólo fuera por una vez, vino a demostrar que en el fútbol como en las carreras, la potencia sin control no sirve de nada. Otra cosa son Francia e Italia, metáforas de la descomposición de la vieja Europa. A la Chile de Bielsa sólo le queda apelar al milagro que en un caso dado tendrá mucho de circunstancial y humano y poco de divino. Pero ahora nada sería más grande que ver a los brasileiros fuera. Como castigo al advenedizo Dunga. Otro tipo insufrible, basta ver el juego de su selección.
México sufrió en carne propia la contradicción del fútbol moderno. Cómo es posible que el deporte más importante del mundo pueda seguir dependiendo del juicio falible de un sólo hombre. El mismo hombre capaz de llevar un Iphone en el bolsillo con el que apagar las luces encendidas olvidadas de su casa e incapaz de corregir un error fatal vía repetición de las imágenes. Se llama pervertir la competición, pero los viejos en esto de los Mundiales saben que estos son perversos. Que se lo digan a Argentina en el 78. Los argentinos, tipos insufribles a excepción de para otros argentinos, son muy parecidos a los israelíes. Se ven a sí mismos como el pueblo elegido, no se sabe por quién ni para qué, pero elegido al fin y al cabo. Puede ser para ganar un Mundial, o dos o para sufrir el corralito por el puro gusto de rasgarse las vestiduras. El caso es ser irresponsable. El caso es apelar al destino divino. De ahí que proliferen en sus tierras los salones de psicoanálisis. De ahí que sean propensos a la épica. Una de las anécdotas más felices cuenta que Menotti, contrapunto de Maradona en el Mundial del 78, les dijo a sus jugadores, antes de encontrarse en la final con Alemania, que salieran a la cancha a jugar por el pueblo y no por los cabrones del palco de autoridades. Bonito pero todo apunta a que falso, como casi todo en aquel Mundial que dio amparo a una de las dictaduras más sanguinarias del orbe conocido. La FIFA en Argentina, como el COI en la Alemania Nazi y la China postcomunista, empeñada como siempre en hacer amigos.
El caso de Inglaterra es parecido al de México, pero en sentido contrario. Inglaterra en este Mundial ha sido el fiel reflejo del país. Un país en vertical decadencia incapaz de dar un paso adelante sin depender de las batallas y las guerras pasadas. Dicen que el fútbol es justo. Lo que no dicen es que la justicia del fútbol es casi o más rezagada que la humana. Ayer, Alemania obtuvo justicia después de cuarenta y cuatro años. Llegó, como no podía ser de otra forma, de la mano del fallo humano. Una nueva perversión que recuerda que el hombre es la criatura más imperfecta de la creación. Inglaterra demostró una vez más eso de dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Basta con darse una vuelta por la Costa del Sol, Levante y Mallorca para comprobar la falacia de la elegancia británica. Basta con observar una selección en donde la mitad de sus jugadores pasarían inadvertidos en cualquier terraza de verano de Mahón. Rojos como cangrejos y borrachos como lo que son, británicos de veaneo. Siempre estarán sus rotativos para dar lecciones de urbanidad al resto del Mundo.
La Federación Inglesa trató de evitar lo inevitable contratando al más pintado. Fabio Capello, antesala del resultadismo y supuesta definición del sargento de hierro en un banquillo, contribuyó no sólo a hacer más visibles las vergüenzas británicas sino que certificó la suya propia. El resultadismo siempre tiene fecha de caducidad. Pese a ser uno de los tipos más insufribles del fótbol moderno cuenta con múltiples palmeros. Su comportamiento con el desgraciado Green lo ha dejado en evidencia. A él y a sus cortesanos. Carece de personalidad y, además es un mal tipo. Cargar las culpas en el eslabón más débil es de cobardes. Sobre todo cuando sustituyes ese eslabón por otro que ayer demostó dos cosas. Ser un bocazas y dar la razón (el tercero no tiene precio) a quienes le llaman Calamity James. Al final, lo bueno de los Mundiales, es que acaba convirtiendo a los dioses en hombres y a los hombres e dioses.

interludio II

No hay nada más peligroso que un salvapatrias. Si a un salvapatrias le colocas una toga o una placa acaban pasando cosas como esta. Podría entender que a los inmigrantes les hagan determinadas preguntas --en muchos países lo hacen-- para acceder a la ciudadanía, siempre y cuando lo ampare la ley y esté regulado, cosa que evidentemente no es el caso. Puestos a salvar patrias estaría bien que se hiciese lo propio con los españolitos de a pie. Ejercer el derecho al voto es un responsabilidad que mucha gente aún no ha entendido. Por ejemplo.